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2011/11/18

Abuso comercial privado en las vías públicas.

Nota de ICTH Iniciativa Ciudadana del Toledo Histórico.


Un reportaje televisivo contaba la historia de una pequeña tribu africana que desde incontables generaciones -mucho antes incluso de que su país existiera como Kenia- cazaba, pastoreaba, cultivaba y vivía, con modestia pero en libertad, en lo que consideraba no las tierras de su aldea, sino las tierras de todos los hombres. Un día, el innovador gobierno keniata, como los verdes campos de esa tribu no estaban registrados en propiedad, los declaró bienes públicos del estado, y siendo ese mismo gobierno su gestor, a la mañana siguiente los alquiló por 75 años –con clausula de prórroga por 25 años mas- a una empresa multinacional de alimentación de China. Todo en nombre del desarrollo económico, supuestamente de Kenia y no de los ministros del gobierno. En la actualidad, los miembros de la tribu ven las tumbas de sus antepasados y pisan las tierras de “todos los hombres” cuando son contratados como braceros al servicio de los chinos. El comentarista del reportaje finalizaba señalando que “el colonialismo ha cambiado de caras y de cara, y ya no dispara balas, sino que ocupa tierras utilizando las artes de nuestros viejos caciques europeos: contactos, dinero, engaños y abogados”.

La teoría. Calles y plazas públicas del Casco Histórico son zonas urbanas de transito, de comunicación, de reunión y de esparcimiento libre y gratuito de vecinos y ciudadanos. Y, solo de forma secundaria, pueden tener un uso temporal y minoritario en proporción a su superficie para una ocupación privada con ánimo de lucro.

La realidad. Pero el Casco Histórico sufre un problema agudo que se extiende como una infección: ha dejado de ser tratado como un barrio con vecinos, y lo están transformando en un centro comercial dedicado al turista y al cliente de ocio. Los últimos acontecimientos en la plazuela de Marañón y en el paseo de Miradero, por su descaro, indican que así se ha decidido tanto por la gente del Ayuntamiento, como por esas personas con contactos que dicen no medrar sobre sus asuntos y contra los nuestros en la discreta intimidad de los despachos municipales. La primacía de la naturaleza pública frente la ocupación privada con ánimo de lucro en las PRINCIPALES plazas y calles del Casco Histórico está siendo, progresivamente, liquidada.

La utilidad de una vía pública del BARRIO DONDE VIVIMOS se decide en una discreta REUNIÓN A TRES BANDAS donde se excluye deliberadamente cualquier perturbadora presencia u opinión vecinal: UN ALTO FUNCIONARIO MUNICIPAL con conocimientos técnicos y con una gran sensibilidad urbana que por los resultados nunca utiliza en el Casco; UN CONCEJAL con pocos conocimientos técnicos pero con un gran entusiasmo hipnótico por el sector turístico, y UN EMPRESARIO con una sola sensibilidad natural fijada en su caja registradora. Los tres tratan al barrio del Casco Histórico como un atractivo latifundio donde los turistas/clientes son las vacas lecheras, y donde la vecindad solo es la molesta fauna aborigen que por poco productiva es prescindible o sacrificable. El ambiente en estas reuniones a tres se resume en una frase atribuida a un notorio empresario toledano en una charla de barra de bar: “Yo no monto mis negocios para los cuatro gatos y los cuatro viejos que viven en el Casco”. Y con este estimulante “apartheid”, ELLOS deciden que desaparezca una fuente municipal, y que se quite la cabina de un teléfono público, y que se desinstalen dos farolas de alumbrado, y que se retire una escultura de Victorio Macho, y que se oculten con lonas las copas de tres arboles, y que se confinen dos bancos públicos, y que se marginen otros once alejándolos de cara a una pared, y que se corte el libre paso con vallas y jardineras, y que … Todo lo que sea necesario para que desaparezca todo rastro de utilidad pública, y la plaza o calle quede –primero- despejada de vecinos ociosos, y ocupada –luego y para siempre- solo por los clientes de uno de esos empresarios que dicen no medrar sobre sus asuntos y contra los nuestros en la discreta intimidad de los despachos municipales.


Atendiendo solo a estas dos puntas del gran iceberg hostelero del Casco Histórico, las terrazas de bar en la plazuela de Marañón y en el paseo del Miradero suponen una ocupación privada de la vía pública tan depredadora, tan desproporcionada, tan abusiva y tan escandalosa que desnaturaliza el concepto “publico” de estas calles dejándolo sin contenido real. Son ejemplos tan visuales y tan evidentes que desvelan que hay gente en el Ayuntamiento culpable de atender solo los intereses económicos privados despreciando y anulando por completo los públicos. No sabemos si en la actualidad existen caciques, pero es evidente que si se promocionan cacicadas.


Iniciativa Ciudadana quiere terrazas de bares para clientes de forma proporcional y equilibrada, pero defiende la primacia efectiva de la utilidad pública de las vías públicas para los vecinos que no quieran ser clientes de nadie en una calle o plaza pública de su barrio. No podemos, ni debemos, consentir que gente del Ayuntamiento nos ningunee y que, con una sonrisa de superioridad burlona, nos haga sentir culpables en nuestro propio barrio por querer conversar con tranquilidad bajo un árbol sin trabas privadas, ni por exigir que el mejor paisaje que se contempla desde un paseo público esté libre para los ciudadanos y no quede en exclusiva para los clientes de un bar, ni por querer pasear por una calle sin los obstáculos del mobiliario privado de un empresario, ni por querer utilizar una fuente municipal que está rodeada por la terraza de un restaurante turístico, ni por querer decidir libremente y en igualdad de condiciones si en una misma calle o plaza nos sentamos en un banco público o en una silla de la terraza privada de un hostelero. 

El Ayuntamiento permite y promociona abusos en las calles públicas contra los ciudadanos que no quieren ser clientes de un empresario privado. Si los que mandan pierden la vergüenza, los ciudadanos deben perder el respeto.

Hilario ALARCÓN.