2007/03/26

LA PLAZA FANTASMA DE SAN JUAN DE LA PENITENCIA. URBANISMO MUNICIPAL SALVAJE DE GUANTE BLANCO.



Colaboración.
Por Hilario ALARCÓN.


Planos y fotos de Jaime CUCO.
www.nuestrohombreentoledo.blogspot.com


Con menos de 80.000 almas, en animación social esta ciudad no es precisamente hermana de París, o de Nueva York, o de Tokio, o de Santiago de Compostela. Pero, no debemos suspirar con las comparaciones odiosas sobre la vitalidad urbana. … Una mañana, saliendo a la calle, te enteras que la desenvuelta inmobiliaria Vistahermosa – una clásica toledana de la impunidad - ha vendido serenamente los pisos de unos edificios que no tenían accesos por carretera. … Por la tarde te cuentan que unos renacidos señores feudales de una urbanización llamada Vistahermosa – ¡ qué nombre tan bien aprovechado! – han puesto rejas, con un par, a las calles publicas porque han decidido que no les gusta el número excesivo de coches que pasan por ella - ¿ se imaginan esta iniciativa en el Casco Histórico ? -. … Y en la noche lees que, en el barrio de Santa Bárbara, la calle Fuente debía medir de ancho más de 5 metros, pero que ahora solo mide 2,5 metros, habiendo pasado de sólido a gaseoso casi 3 metros del ancho, sin que nadie del Ayuntamiento sepa ni donde están ni el nombre de los irresponsables municipales que los han extraviado – verídico como la sonrisa del señor Alcalde -.

Hoy, la buena nueva es que en el Casco Histórico de Toledo, en la zona de San Juan de la Penitencia, con las bendiciones del Consistorio, la especulación inmobiliaria ha sepultado una plaza pública de cerca de 800 m2. … Así, como suena: 800 m2 de plaza fantasma, que usted ni nadie podrá ya pisar. En la parcela municipal donde tuvo que haber una gran explanada pública, según prometió expresamente el señor Alcalde de Toledo y la cartelería local, ahora yace bajo un gran edificio de locales, oficinas y apartamentos exclusivos de promoción privada. … Entender como una gran propiedad municipal, en pleno Casco Histórico, y con una clara utilidad pública, termina rendida en su totalidad en manos de los intereses comerciales de una constructora, es difícil, muy difícil.

Según cuentan – las interioridades del urbanismo municipal están llenas de parquedades y silencios -, la parcela fue adquirida por la administración local para ampliar los servicios del antiguo Colegio Universitario de Toledo, que estuvo en el vecino edificio de San Juan de La Penitencia. Con la llegada de la Universidad de Castilla-La Mancha, desapareció el colegio universitario, y la parcela cayó de lleno en el llamado Plan de Renovación del Casco Histórico. Y se redactó un proyecto para aprovechar este solar municipal con más de 800 m2 de superficie: una gran plaza-mirador pública asentada sobre un aparcamiento para residentes. Una idea, en su concepto, similar a la de la gran explanada de San Miguel con su parking debajo, justo al lado del Alcázar. Al final se aprobó el proyecto, con un costo total aproximado de 650.000,00 € - alrededor de 110.000.000 de las antiguas pesetas -, con financiación de los pardillos de la Unión Europea, pero con una pequeña modificación añadida por la Empresa Municipal de la Vivienda – o persona o cosa municipal similar -. Se decidió que era un tormento que todos esos 800 m2 de planta quedaran solo para una improductiva plaza pública, y se decidió que por lo menos 250 m2 fueran para un edificio, quedando alrededor de 500 m2 para la famosa plaza-mirador. Y cuando todos los ciudadanos creíamos que la EMV – o persona o cosa municipal similar - iba a anunciar que allí habría viviendas de protección oficial, lo que solo se escuchó fueron las palabras “locales comerciales”. Y con “locales comerciales”, todo lo cambió. De repente, el protagonismo de la gestión de la obra pasó por completo, mediante un misterioso convenio declarado de utilidad municipal, a la Federación Empresarial de Castilla-La Mancha de Economia Social y a la constructora Graman-Rallago. Y con la decidida entrada de los intereses privados como medio para coronar servicios públicos, entraron también criterios distintos entre los responsables municipales en urbanismo, siempre atentos a Dios sabe qué.

Sin decir "agua va", donde iban a construirse locales, se aprobó también la edificación de oficinas y apartamentos exclusivos de promoción privada. Junto con lo anterior, de pronto, se dio licencia para que los 250 m2 de planta del nuevo edificio se aumentaron hasta, como mínimo, los 500 m2. Para completar, de improviso, el aparcamiento de plazas públicas exclusivamente para residentes, se convertía en parking para residentes pero también para propietarios de comercios y para trabajadores – seguramente con futura preferencia para los próximos que ocupen el nuevo edificio -. Y, al final, en un lugar tan complicado para los intereses públicos como el Casco Histórico, donde iba un espacio vecinal de nueva creación, un gran mirador comunal, una gran plaza pública, abierta, visible y de fácil acceso para todos, ahora hay apenas 200 m2 de coquetuela terraza – no una plaza-, con seis maceteros y tres farolillos, con mas aspecto de privada que de pública -tipo marquesina de bar de copas de verano-, escondida a la vista de la calle, cercada por las paredes del enorme y nuevo edificio, aislada por los altos muros del aparcamiento, de la que no se adivina mejor acceso que el que tendrán los futuros – o quizás ya actuales - propietarios desde sus nuevos locales y apartamentos exclusivos. Uno de esos lugares que en poco tiempo pasará a tener rejas privadas impidiendo el paso alegando motivos de seguridad para los nuevos vecinos. Una jugada maestra del departamento municipal de urbanismo toledano.

El Ayuntamiento no tendrá problemas de rubor para edulcorar razones públicas para justificar un resultado tan desproporcionadamente favorable a los intereses inmobiliarios privados. La realidad es tozuda: se han sublimado mas 500 m2 de plaza pública, y la terracilla resultante con las sobras no edificadas parece mas destinada a los propietarios del nuevo edificio privado que a los ciudadanos de Toledo que pasen por las calles aledañas. Si alguien se pregunta la razón de este nefasto resultado, debe plantearse lo que dicen los franceses en estos casos: “cherchez la femme”. La plaza fantasma se encuentra, con toda seguridad, sacrificada en la cuenta de beneficios de una constructora privada, bendecidos, con orgullosos ojos maternales, por las decisiones de los responsables municipales en urbanismo de la ciudad de Toledo. Un bonito ejemplo de urbanismo salvaje de guante blanco, pero de olor tan triste como fiero para ser un proyecto público.

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