2007/01/01

VIVIENDAS DE PROTECCIÓN OFICIAL: EL CUPO PRIVILEGIO DEL AYUNTAMIENTO.



Colaboración.

Por Hilario ALARCÓN.



Cuentan que un antiguo emperador tuvo un general al que consideraba como su favorito. Este militar siempre conquistaba cualquier fortaleza o población enemiga, por muy noble y valerosa que fuera, casi sin coste en armas y tropas. Su táctica, tan implacable como simple, se basaba en la paciencia, en el instinto de supervivencia, y en la fácil discordia de las gentes. Su primer paso consistía en cercar totalmente la ciudad, impidiendo por completo el paso personas, animales, alimentos y agua. Con el tiempo, cuando los habitantes sitiados, si a pesar del hambre y la sed continuaban resistiendo, con una catapulta lanzaba hacia el interior de la villa, una vez cada diez días, un pequeño cerdo y un odre con algunos escasos litros de agua. Este acto exiguo, entre los sitiados mas apurados, debido a la penuria, hacía desaparecer cualquier gesto de solidaridad, provocando luchas intestinas por conseguir algo del gorrino y de la bebida. Al final, la cizaña era tal, que siempre un grupo tan famélico como descontento, que nunca había tenido suerte para atrapar algo de lo arrojado, movido por el ruido de sus tripas, forzaba la apertura de las puertas de la ciudad convencido que sus propios vecinos eran mas brutales enemigos para sus estómagos que el ejercito que los sitiaba. El emperador consideraba brillante no solo la conquista, sino como su general pasaba a ser visto por los conquistados como el salvador de los estragos que el mismo provocaba.

Este lugar de todos y para todos, Toledo, por ahora, y hasta ahora, es una única ciudad, no una confederación medieval de barrios gobernados por caudillos ilustres, compuesta no con siervos fijados a la tierra de labor, sino con ciudadanos semejantes con derechos semejantes. Y solo tiene un único Ayuntamiento, con un único presupuesto municipal en el que participan todos los ciudadanos y con el que se realizan todas y cada una de las obras municipales. Y, también hasta ahora, la necesidad objetiva para un ciudadano de tener un techo no ha sido una circunstancia que debiera ser galardonada en mas o en menos según la acera de la calle donde se sobreviva.

El Gobierno Municipal utilizó un criterio de polémica legalidad y de nula sensibilidad socioeconómica cuando aplicó un cupo de zona parroquial para la adquisición de viviendas de protección oficial, que concedía un privilegio ligado a la tierra de carácter medieval a los habitantes de Azucaica, minusvalorando el derecho de vivienda publica municipal del resto de toledanos con iguales necesidades y derechos, y provocando una especie de xenofobia entre barrios que ha dañado con gravedad el sentimiento de solidaridad ciudadana. Ahora la Alcaldía, insistiendo en un tan triste como calculado y rentable error, se ha lanzado a la conquista electoral del barrio de Santa Bárbara –y posiblemente el resto de los barrios- con las mismas armas: VPO municipal con un cupo ventajoso solo para los vecinos lindantes a la promoción de viviendas.

Se da el caso de que cualquier anónimo y pudiente vecino no tiene problemas cuando decide pasar de vivir desde un coqueto chalecito en la calle de Italia hacia un gran edificio de mas de setecientos metros cuadrados en la calle del Cristo de La Luz, pero cuando un apurado ciudadano busca setenta metros cuadrados de primera vivienda publica en cualquier barrio de su ciudad, su Ayuntamiento le mira las pezuñas y los dientes exigiendo determinado tipo de denominación geográfica de desdicha toledana. Los tipejos que cuando ven a un necesitado solo ven un antipático problema solo se ven superados por los que solo ven la posibilidad de hacer un negocio electoral.

El actual Gobierno Municipal sabe que consigue que la oposición consecuente e íntegra de las juntas directivas de asociaciones como Alcántara, El Ciudadano e Iniciativa Ciudadana a este desdichado cupo-privilegio se hace impopular, porque los naturales mecanismos de supervivencia y de conservación personal llevará a bastantes vecinos a aceptar el escabroso privilegio otorgado y a pasar por alto la solidaridad con las necesidades de vivienda de los conciudadanos de otros barrios. Es desconsolador observar como en política se utiliza electoralmente las carencias de los ciudadanos con menos rentas, promoviendo y gestionando el “homo homini lupus” entre los que no tienen vivienda. Es claro que con la recompensa privilegiada a algunos a costa de otros se divide a los contrincantes y se vence. Quizás se deba felicitar por su eficacia profesional al responsable de estrategia política del PP local, pero sin duda es otra batalla perdida para las buenas prácticas políticas en estos tristes tiempos con tan triste gente.

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